Textos espirituales

El fruto maduro de la identidad

El fruto maduro de la identidad

Al inicio, durante y al final de la vida, nuestra identidad está siempre haciéndose. En este artículo, último de la serie sobre la formación de la personalidad en clave cristiana, se transparenta la meta de esta carrera: el descanso de nuestra frágil identidad en la de Dios.

Buen hijo, buen Padre

Buen hijo, buen Padre

“Cuando fallece una persona conocida, buena y querida, afluyen a la mente mil recuerdos diversos”. En este texto se recuerda a Mons. Javier Echevarría y se reflexiona sobre la huella que ha dejado su vida.

Se aclaró la cuestión

Relatos y favores
Se aclaró la cuestión

Una entidad pública me pidió que pagar una enorme cantidad de impuestos sobre un ingreso que ya había sido gravado. La suma en cuestión era muy alta.

el opus dei, en primera persona

Del Prelado

Carta del Prelado (31 enero 2017)

Carta del Prelado (31 enero 2017)

Primera carta de Mons. Fernando Ocáriz a los fieles del Opus Dei. En ella, rememora lo vivido desde el pasado 23 de enero, agradece las oraciones por su persona y recuerda a Mons. Javier Echevarría.

El Opus Dei en México

El Opus Dei en México

Historia

A partir de 1949, el novedoso mensaje del Opus Dei prende en todo tipo de ambientes en México, país que tiene la primogenitura en América.

Mensaje del día

“No tienen por qué chocar la Iglesia y el Estado”

No es verdad que haya oposición entre ser buen católico y servir fielmente a la sociedad civil. Como no tienen por qué chocar la Iglesia y el Estado, en el ejercicio legítimo de su autoridad respectiva, cara a la misión que Dios les ha confiado. Mienten –¡así: mienten!– los que afirman lo contrario. Son los mismos que, en aras de una falsa libertad, querrían “amablemente” que los católicos volviéramos a las catacumbas. (Surco, 301)

Tenéis que difundir por todas partes una verdadera mentalidad laical, que ha de llevar a tres conclusiones: a ser lo suficientemente honrados, para pechar con la propia responsabilidad personal; a ser lo suficientemente cristianos, para respetar a los hermanos en la fe, que proponen –en materias opinables– soluciones diversas a la que cada uno de nosotros sostiene; y a ser lo suficientemente católicos, para no servirse de nuestra Madre la Iglesia, mezclándola en banderías humanas.

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